lunes

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Lo que hace que las películas resulten más redondas y creíbles que la vida, al margen de la pericia canónica de los guionistas, generalmente escrupulosos con aquello del planteamiento, el nudo y el desenlace, lo que hace, decía, que la película del sábado por la tarde funcione mejor que el propio sábado por la tarde, es la música. O más bien: la adecuación de la música a lo que en cada instante ocurre. En una película, por mala que sea, oiremos música más o menos siniestra cuando sale el malo, música de follar cuando toca follar y música trepidante en los minutos de acción. En la vida real no impera esa lógica y lo más probable es que la agonía de tu abuela se vea amenizada por el reguetón de la vecina de abajo. A las verdaderas rupturas amorosas nadie les pone violines melancólicos y durante las mismas uno sólo oye el runrún de sus negros pensamientos, lo cual, hay que admitirlo, hace que el trascendente momento se parezca a un anticlímax de Lars Von Trier. Con los hitos bélicos ocurre tres cuartos de lo mismo: sin una fanfarria que ayude a clarificar las cosas, uno no sabe si el neutralizar en solitario un nido de ametralladoras es una hazaña o una gilipollez, y lo malo es que los agazapados infantes de marina que ejercen de público tampoco, y así es difícil que recompensen tu arrojo con su aplauso y su respeto. Siempre nos queda el recurso de canturrear entre dientes para ambientar la escena, pero eso nos desconcentraría al avanzar hacia el búnker granada en mano, irritaría aún más a la chica que nos está dando boleto y sembraría el desconcierto entre los testigos del último aliento de la yaya, que seguramente estén acostumbrados a gestionar su aflicción siguiendo procedimientos no musicales. Es una lástima que los días no vengan con auriculares y una lista de Spotify adjunta, como en el cine hay sonido cuadrafónico para amplificar las calculadas intervenciones de la orquesta: una banda sonora bien dosificada subraya las acciones y justifica todas las poses, y una película sin música resulta sosa y ambigua por parecerse demasiado a la vida, que poco más o menos consiste en tratar de romper un silencio incómodo.

2 comentarios:

xrisstinah cobaltos dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
xrisstinah cobaltos dijo...

joderrrr, ¡qué güeno!